domingo, 15 de mayo de 2016
Hay campañas por doquier incentivando al respeto y no violencia en todos los sentidos en contra de la mujer, sin embargo, está presente en la sociedad una especie de “cultura de la violencia” en la que está permitido de forma inconsciente la agresión ya sea desde el punto de vista de la misma mujer agredida o desde el de su agresor.
Desde siempre la mujer ha visto como su participación en todos los ámbitos sociales ha tenido que ser exigida y defendida; en nuestra sociedad aún se mantiene un sistema de patriarcado que sesga dicha participación. Es tanto así que se tuvieron que implementar “cuotas” de participación femenina para de algún modo garantizar que la mujer sea tenida en cuenta en diferentes aspectos de nuestra sociedad, en sectores como la política, y altos cargos del estado (lo que no necesariamente garantiza su cumplimiento). Esto demuestra que aunque la mujer este en igualdad de condiciones y sea tan competente para un cargo como lo es un hombre, este estará por encima al momento de ocupar dicho cargo, por lo tanto aun habiendo crecimiento personal y éxito profesional de forma individual se sigue presentando el estereotipo de mujer “cuidadora” que debe estar pendiente de su familia, hijos y esposo y en cierta medida al desempeñar su rol de aguantar todo por amor. Entonces que pueden esperar aquellas que dependen económicamente de su pareja?, pues este es otro aspecto que influye en los problemas de agresión en un alto porcentaje generando la falta de denuncia, entre otras cosas porque la misma mujer no reconoce la agresión como un problema social sino como una situación particular, personal y privada que debe ser asumido por ella misma.
Esta situación no distingue estrato o nivel social, la sociedad machista nos está enseñando todo el tiempo a hombres y mujeres que esta debe ser sumisa, estos mensajes son trasmitidos por diferentes canales y medios de comunicación: sin ir muy lejos telenovelas y canciones que nos dicen que si es amor debe haber dolor, generando patrones de comportamiento que se trasmiten de forma natural como si así lo fueran.
Realmente, no bastan las campañas publicitarias y demás movimientos feministas y defensores de los derechos de la mujer si no se cambia el chip, el pensamiento tradicional que hace creer que la mujer está hecha para estar en casa, atender su familia y aguantar abusos físicos y/o sicológicos.
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